libre como siempre. Por supuesto que tiene que ser libre, o no sería George, pero está dolido y parece contrariado.
—Está más que entrenado —dice el señor Bagnet—. Por un abogado. Que sacaría al diablo de sus casillas.
—Algo hay de cierto en eso —asiente su mujer—; pero así son las cosas, Lignum.
La continuación de la conversación queda impedida, por el momento, por la necesidad en que se ve el señor Bagnet de concentrar toda la fuerza de su mente en la cena, la cual se halla un tanto en peligro debido al seco humor de los pollos, que no sueltan jugo alguno, y también a que la salsa preparada no adquiere sabor y resulta de un tono color lino.
Con una obstinación similar, las patatas se desmoronan al pincharlas con los tenedores durante el proceso de pelado, agrietándose desde el centro en todas direcciones, como si estuvieran sujetas a terremotos.
Las patas de los pollos, además, son más largas de lo deseable y sumamente escamosas.
Superando estas desventajas lo mejor que puede, el señor Bagnet por fin sirve los platos y se sientan a la mesa, ocupando la señora Bagnet el lugar del invitado a su derecha.
Bien le va a la buena señora con tener un solo cumpleaños al año, pues dos excesos semejantes de aves de corral podrían ser perjudiciales. Toda clase de tendón y ligamento más fino que esté en la naturaleza de las aves poseer revestimiento se halla desarrollado en estos ejemplares bajo la insólita forma de cuerdas de guitarra. Sus extremidades parecen haber echado raíces en sus pechos y cuerpos, tal como los árboles ancianos echan raíces en la tierra.