El Escritor de Leyes
En los confines orientales de Chancery Lane, es decir, más particularmente en Cook’s Court, Cursitor Street, el señor Snagsby, copista judicial, ejerce su lícito oficio.
A la sombra de Cook’s Court, que la mayor parte del tiempo es un lugar sombrío, el señor Snagsby ha comerciado con toda clase de impresos en blanco para trámites judiciales; pieles y rollos de pergamino; papel (folio, para alegatos, borradores, estraza, blanco, estraza blanca y secante); sellos; plumas de ganso para oficinas, plumines, tinta, goma de borrar, pomez en polvo, alfileres, lápices, lacre y obleas; cinta roja y galón de seda verde; libretas, almanaques, agendas y guías legales; cajitas para cordel, reglas, tinteros (de vidrio y de plomo), cortaplumas, tijeras, punzones y otros pequeños artículos de cuchillería de oficina; en suma, artículos demasiado numerosos para mencionar, desde que terminó su aprendizaje y se asoció con Peffer.
En aquella ocasión, Cook’s Court se vio en cierto modo revolucionada por la nueva inscripción en pintura fresca, «Peffer y Snagsby», que desplazaba a la venerable y difícilmente descifrable leyenda «Peffer a secas». Pues el humo, que es la hiedra de Londres, se había enroscado de tal modo alrededor del nombre de Peffer y se había aferrado a su morada que el cariñoso parásito ahogaba por completo al árbol progenitor.
Peffer ya no se deja ver nunca por Cook’s Court. Nadie lo espera allí, pues lleva un cuarto de siglo yacente en el cementerio de St. Andrews, Holborn, con los carros y los coches de punto rugiendo junto a él todo el día y la mitad de la noche como un gran dragón.