ruego que me siga con atención durante uno o dos minutos. Me mandaron llamar y el caso se me encomendó. Examiné el lugar, el cuerpo, los documentos y todo lo demás. A partir de la información que recibí (de un dependiente de la misma casa), detuve a George por haber sido visto merodeando por allí la noche del asesinato, y casi a la misma hora, y también por haber sido escuchado discutiendo acaloradamente con el difunto en ocasiones anteriores —incluso amenazándolo, según declaró el testigo. Si me pregunta, Sir Leicester Dedlock, si desde un principio creí que George era el asesino, le digo francamente que no, pero aun así podría serlo, y había suficientes indicios en su contra como para que fuera mi deber arrestarlo y mantenerlo bajo prisión preventiva. Ahora bien, ¡observe!”
Cuando el señor Bucket se inclina hacia adelante con cierta emoción —para lo que en él es costumbre— y da inicio a lo que va a decir con un leve y fantasmal golpecito de su dedo índice en el aire, la señorita Hortense clava en él sus ojos negros con el ceño fruncido y une sus labios resecos de manera estrecha y firme.
—Me fui a casa, Sir Leicester Dedlock, Baronet, por la noche y encontré a esta joven cenando con mi esposa, la señora Bucket. Había hecho un despliegue tremendo de afecto hacia la señora Bucket desde que se ofreció por primera vez como nuestra huésped, pero esa noche lo hizo más que nunca; de hecho, exageró. Asimismo exageró su respeto, y todo eso, por la llorada memoria del difunto señor Tulkinghorn. ¡Por el Dios vivo se me encendió la bombilla, mientras me sentaba enfrente de ella a la mesa y la veía