¿Es Richard un monstruo en todo esto, o acaso el Tribunal de la Cancillería resultaría estar igualmente provisto de tales precedentes si pudieran obtenerse para ser citados ante el Ángel Registrador?
Dos pares de ojos nada desacostumbrados a semejante gente lo siguen con la mirada mientras, mordiéndose las uñas y meditabundo, cruza la plaza y es tragado por la sombra del portal meridional.
El señor Guppy y el señor Weevle son los dueños de esos ojos, y han estado conversando apoyados contra el bajo antepecho de piedra bajo los árboles. Él pasa muy cerca de ellos, sin ver más que el suelo.
—William —dice el señor Weevle, arreglándose las patillas—, ¡ahí hay una combustión! No es un caso de combustión espontánea, pero es una combustión lenta, eso es.
—¡Ah! —dice el señor Guppy—. No supo mantenerse al margen de Jarndyce, y supongo que estará hasta las cejas de deudas. Nunca supe gran cosa de él. Era altivo como el monumento cuando estuvo procesado en nuestra oficina. ¡Una buena sacudida deencima para mí, ya sea como empleado o como cliente! Bien, Tony, eso que te mencionaba es en lo que andan metidos.
Mr. Guppy, volviendo a cruzar los brazos, se acomoda de nuevo contra el pretil, como si reanudase una conversación de interés.
—Todavía siguen en ello, señor —dice el señor Guppy—, todavía echando cuentas, todavía examinando papeles, todavía repasando los montones y montones de basura. A este paso seguirán así durante siete años.
“¿Y Small está ayudando?”