- ¿Que si mi hija está lavando? Sí, está lavando. Mire el agua. ¡Huela! Eso es lo que bebemos. ¿Cómo le gusta, y qué le parece el ginebra en su lugar? * ¿Que si mi local está sucio? Sí, está sucio; es naturalmente sucio y naturalmente insalubre; y hemos tenido cinco hijos sucios e insalubres, que son todos criaturas muertas, y tanto mejor para ellos y para nosotros también. * ¿Que si he leído el librito que dejó? No, no he leído el librito que dejó. Aquí no hay nadie que sepa leerlo; y si lo hubiera, no sería adecuado para mí. Es un libro apto para un bebé, y yo no soy un bebé. Si usted me dejara una muñeca, yo no la acunaría. * ¿Que cómo me he estado portando? Pues he estado borracho tres días; y habría estado borracho cuatro si hubiera tenido dinero. * ¿Que si no tengo la intención de ir nunca a la iglesia? No, no tengo la intención de ir nunca a la iglesia. No me querrían allí aunque fuera; el bedel es demasiado fino para mí. * ¿Y cómo se hizo mi mujer ese ojo morado? ¡Pues se lo di yo; y si ella
Había retirado la pipa de su boca para decir todo esto, y ahora se dio la vuelta hacia el otro lado y volvió a fumar.
La señora Pardiggle, que lo había estado observando a través de sus lentes con una compostura enérgica, calculada, no pude evitar pensar, para aumentar su antagonismo, sacó un buen libro como si fuera el bastón de un gendarme y detuvo a toda la familia. En custodia religiosa, por supuesto; pero en realidad lo hizo como si fuera una policía moral inexorable que se los lleva a todos a comisaría.
Ada y yo nos sentíamos muy incómodas. Ambas teníamos la sensación de ser intrusas y de estar fuera de lugar, y las dos pensábamos que a la señora Pardiggle le habría ido infinitamente mejor de no haber tenido esa manera tan mecánica de adueñarse de la gente.