hecho al principio, a aquel viejo tiempo de mi vida.
Se me ocurrió, más de uno de esos domingos, que lo que esta dama era tan curiosamente para mí, lo era yo para ella—quiero decir que yo perturbaba sus pensamientos como ella influía en los míos, aunque de algún modo diferente.
Pero cuando le robaba una mirada y la veía tan serena, distante e inalcanzable, sentía que aquello era una debilidad necia. En verdad, sentía que todo mi estado mental respecto a ella era débil e irracional, y me amonestaba al respecto tanto como podía.
Un incidente que ocurrió antes de que abandonásemos la casa del señor Boythorn, haré bien en mencionarlo en este lugar.
Paseaba por el jardín con Ada cuando me dijeron que alguien deseaba verme. Al entrar en el salón