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nydus/Bleak HousePublic
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LXIII

Lo dejan a solas con el caballero en el despacho, que está sentado a una mesa con libros de contabilidad ante sí y algunas hojas de papel manchadas con multitudes de cifras y dibujos de formas ingeniosas. Es un despacho austero, con ventanas desnudas que dan al panorama de hierro de abajo. Amontonados sobre la mesa hay algunos trozos de hierro, rotos a propósito para ser probados en varios periodos de su servicio, en diversas capacidades. Hay polvo de hierro en todas partes; y a través de las ventanas se ve el humo saliendo pesadamente de las altas chimeneas para mezclarse con el humo de una Babilonia vaporosa de otras chimeneas.

—Estoy a su servicio, señor Steel —dice el caballero cuando su visitante toma asiento en una silla oxidada.

—Pues, señor Rouncewell —responde George, inclínándose hacia adelante con el brazo izquierdo sobre la rodilla y el sombrero en la mano, y muy remiso a encontrarse con la mirada de su hermano—, no carezco de esperanzas de que en esta visita resulte ser más importuno que bien recibido. En mis tiempos serví de dragón, y un camarada mío al que en otro tiempo tuve cierto afecto era, si no me engaño, hermano de usted. Tengo entendido que tuvo usted un hermano que dio algunos disgustos a su familia, se fugó y nunca hizo ningún bien salvo mantenerse alejado.

—¿Está usted completamente seguro —replica el amo de la fundición con voz alterada— de que su apellido es Steel?

El soldado vacila y lo mira. Su hermano se incorpora, lo llama por su nombre y lo agarra de ambas manos.

—¡Eres demasiado rápido para mí! —exclama el soldado con las lágrimas brotándole de los ojos—. ¿Cómo estás, mi querido viejo amigo? Nunca

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