El señor Guppy sospecha de todo el que ocupa un taburete en el despacho de Kenge y Carboy que abriga, como algo natural, designios siniestros contra él. Tiene la certeza de que cada una de esas personas quiere deponerlo. Si alguna vez se le pregunta cómo, por qué, cuándo o por qué razón, guiña un ojo y menea la cabeza. Amparado en estas profundas opiniones, de la manera más ingeniosa se toma infinitas molestias para contratacar cuando no hay ningún complot, y juega a las partidas de ajedrez más profundas sin adversario alguno.
Es motivo de gran satisfacción para el señor Guppy, por tanto, ver al recién llegado hojear constantemente los documentos de Jarndyce y Jarndyce, pues sabe muy bien que de eso solo pueden resultar confusión y fracaso.
Su satisfacción se contagia a un tercer merodeador de las largas vacaciones en el despacho de Kenge y Carboy, a saber, el joven Smallweed.
Si el joven Smallweed (apodado metafóricamente Small y también Chick Weed, como con intención jocosa de expresar que es un polluelo) fue alguna vez un muchacho, es algo que se duda mucho en Lincoln’s Inn. Tiene ahora algo menos de quince años y es un viejo retoño de la ley. Se le supone jocosamente albergando una pasión por una señora en una tabaquería en las inmediaciones de Chancery Lane y haber roto por amor a ella un compromiso con otra señora, con quien había estado prometido algunos años. Es un artículo de fabricación urbana, de baja estatura y rasgos marchitos, pero se le puede divisar desde una distancia considerable gracias a su sombrero altísimo. Convertirse en un Guppy es el objeto de su ambición. Viste a imitación de ese caballero (por quien es patrocinado), habla a imitación suya, camina a imitación suya, se basa enteramente en él. Es honrado con la