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nydus/Bleak HousePublic
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I. En la Cancillería

cinco minutos sin llegar a un total desacuerdo en cuanto a todas las premisas. Incontables niños han nacido dentro de la causa; incontables jóvenes se han casado en ella; incontables ancianos han desaparecido de ella. Multitud de personas se han encontrado delirantemente convertidas en partes de Jarndyce y Jarndyce sin saber cómo ni por qué; familias enteros han heredado odios legendarios junto con el pleito. * El pequeño demandante o demandado a quien se le prometió un nuevo caballo de madera cuando se resolviera Jarndyce y Jarndyce ha crecido, se ha hecho con un caballo de verdad y ha trotado hacia el otro mundo. * Hermosas pupilas del tribunal se han marchitado hasta convertirse en madres y abuelas; una larga procesión de cancilleres ha entrado y salido; la legión de escritos del pleito se ha transformado en meras actas de defunción; tal vez no queden tres Jarndyces sobre la tierra desde que el viejo Tom Jarndyce, desesperado, se voló los sesos en una cafetería de Chancery Lane; pero Jarndyce y Jarndyce sigue arrastrando su penosa longitud ante el tribunal, perennemente

Jarndyce y Jarndyce se ha convertido en una broma. Ese es el único bien que ha salido jamás de ello. Ha sido la muerte de muchos, pero es una broma en la profesión. Todos los magistrados de la Cancillería han tenido algún informe al respecto. Todos los Cancilleres han estado «metidos en el asunto», representando a alguien, cuando eran abogados en estrados. Los ancianos jueces de narices amoratadas y zapatos abultados han dicho agudezas sobre el tema, después de cenar en el refectorio, ante una selecta comisión de oporto. Los pasantes en prácticas han tenido la costumbre de afilar su ingenio legal a costa del caso.

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