paja de las míseras chozas en las que se fabrican los ladrillos son dispersados por el viento, donde la arcilla y el agua están duramente congeladas y el molino en el que el caballo flaco y ciego da vueltas todo el día parece un instrumento de tortura humana—cruzando este paraje desierto y marchito hay una figura solitaria con el mundo triste para ella sola, azotada por la nieve y empujada por el viento, y expulsada, al parecer, de toda compañía. Es la figura de una mujer, además; pero va miserablemente vestida, y semejantes ropas jamás cruzaron el vestíbulo ni salieron por la gran puerta de la mansión Dedlock.
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LVI. Persecución
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