Obstinación
Pero había mediado otro día cuando, temprano por la mañana, mientras íbamos a desayunar, el señor Woodcourt entró apresuradamente con la sorprendente noticia de que se había cometido un terrible asesinato, por el cual el señor George había sido detenido y se encontraba bajo custodia.
Cuando nos dijo que Sir Leicester Dedlock ofrecía una gran recompensa por la captura del asesino, en mi primer consternación no comprendí por qué; pero unas pocas palabras más me explicaron que la persona asesinada era el abogado de Sir Leicester, y de inmediato acudió a mi memoria el pavor que mi madre le tenía.
Esta imprevista y violenta supresión de alguien a quien ella había observado y desconfiado durante tanto tiempo, y que a su vez la había observado y desconfiado a ella, alguien hacia quien apenas había tenido momentos de bondad, temiendo siempre en él a un enemigo peligroso y secreto, parecía algo tan espantoso que mis primeros pensamientos fueron para ella.
¡Qué aterrador oír hablar de una muerte así y no ser capaz de sentir compasión!
¡Qué terrible recordar, tal vez, que a veces ella misma había deseado la desaparición de aquel anciano al que la vida le fue arrebatada con tanta rapidez!
Tan agolpados pensamientos, que acrecentaban la angustia y el temor que siempre sentía cuando se mencionaba aquel nombre, me pusieron