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nydus/Bleak HousePublic
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X. El Escritor de Leyes

mucho que los gustos difieran, es indudablemente valioso en la medida en que hay bien poca cantidad de él.

El señor y la señora Snagsby no solo son una sola carne y un solo hueso, sino que, a juicio de los vecinos, también tienen una sola voz. Dicha voz, que parece provenir exclusivamente de la señora Snagsby, se deja oír muy a menudo en Cook’s Court.

Al señor Snagsby, a menos que se exprese a través de esos dulces tonos, rara vez se le oye. Es un hombre apacible, calvo, tímido, con la cabeza brillante y un mechón desaliñado de pelo negro que sobresale por la nuca. Tiende a la mansedumbre y a la obesidad.

Cuando está de pie en la puerta de su casa en Cook’s Court, con su bata gris de dependiente y sus manguitos de percal negro, mirando hacia las nubes, o cuando se halla tras un mostrador en su oscura tienda con una pesada regla plana, recortando y tajando pieles de oveja en compañía de sus dos aprendices, es rotundamente un hombre recatado y modesto.

Desde debajo de sus pies, en tales momentos, como desde un fantasma agudo e inquieto en su tumba, surgen con frecuencia quejas y lamentos con la voz ya mencionada; y tal vez, en algunas ocasiones en que estos alcanzan un tono más agudo de lo habitual, el señor Snagsby les comenta a los aprendices: «¡Me parece que mi mujercita le está dando su merecido a Guster!».

Este nombre propio, tan usado por el señor Snagsby, ya ha dado pie antes al ingenio de los cortesanos de Cook para señalar que debería ser el de la señora Snagsby, dado que a esta se la podría calificar con gran fuerza y expresividad de Guster, como cumplido a su tempetuoso carácter. No obstante, es la posesión —y la única posesión, aparte de cincuenta chelines anuales y un muy pequeño baúl pobremente lleno de ropa— de una desgarbada joven procedente de una inclusa (a la que algunos

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