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nydus/Bleak HousePublic
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II. En la moda

agotada, una placidez gastada, una ecuanimidad de fatiga incapaz de ser alterada por el interés o la satisfacción, son los trofeos de su victoria. Es perfectamente educada. Si fuera trasladada al cielo mañana, cabría esperar que ascendiera sin ningún éxtasis.

Aún conserva su belleza, y si no está en su apogeo, tampoco ha entrado en su otoño. Tiene un rostro hermoso —en su origen de un tipo que más bien se habría calificado de muy bonito que de agraciado, pero sublimado hacia la perfección clásica por la expresión adquirida de su estatus mundano—. Su figura es elegante y da la impresión de ser alta. No porque lo sea, sino porque «se le saca el máximo partido», como el honorable Bob Stables ha afirmado con frecuencia bajo juramento, «a cada uno de sus encantos». La misma autoridad señala que está perfectamente arreglada y observa, en alabanza sobre todo de su cabello, que es la mujer mejor acicalada de toda la cuadra.

Con todas sus perfecciones a cuestas, mi Lady Dedlock ha venido desde su finca en Lincolnshire (perseguida de cerca por la crónica de sociedad) a pasar unos días en su residencia de la capital antes de su partida a París, donde su señoría se propone estar algunas semanas, tras lo cual sus movimientos son inciertos. Y en su residencia de la capital, en esta tarde turbia y sombría, se presenta un caballero de los de antes, abogado y asimismo procurador del Alto Tribunal de la Cancillería, que tiene el honor de actuar como asesor jurídico de los Dedlocks y que tiene tantas cajas de hierro fundido con ese nombre en su despacho como si el actual baronet fuera la moneda de un truco de magia y la estuviera escamoteando constantemente por todo el juego. A través del vestíbulo, y subiendo las escaleras, y por los pasillos, y a través de las habitaciones, que son muy resplandecientes en temporada y muy lúgubres fuera de ella —un País de las Maravillas para visitar, pero un desierto para habitar—, el viejo caballero es conducido por un Mercurio empolvado a la presencia de mi Lady.

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