memoria y entendimiento, no revoque disposición alguna que haya tomado en su favor. No reduzco nada de lo que jamás le he otorgado. Mis relaciones con ella no han cambiado y no anulo —teniendo la plena potestad para hacerlo si así lo dispusiera, como usted ve— ningún acto que haya realizado para su beneficio y felicidad.
Su solemne repertorio de palabras habría tenido en cualquier otro momento, como a menudo lo ha tenido, algo de ridículo en sí, pero en esta ocasión resulta serio y conmovedor.
Su noble seriedad, su fidelidad, su valiente defensa de ella, su generosa victoria sobre su propio agravio y su propio orgullo por el bien de ella, son sencillamente honorables, varoniles y sinceros.
Nada menos digno puede verse a través del brillo de tales cualidades en el más común de los mecánicos, nada menos digno puede verse en el hidalgo de mejor cuna.
Bajo esa luz ambos aspiran por igual, ambos se elevan por igual, ambos hijos del polvo brillan por igual.
Vencido por el esfuerzo, reclina la cabeza en las almohadas y cierra los ojos por espacio de un minuto a lo sumo, antes de reanudar la vigilancia del tiempo y su atención a los sonidos sordos.
En la prestación de esos pequeños servicios, y en la manera en que son aceptados, el soldado se ha vuelto indispensable para él. No se ha dicho nada, pero se da por sentado.
Retrocede un paso o dos para quedar fuera de la vista y monta guardia un poco más atrás de la silla de su madre.
El día comienza ya a declinar. La neblina y la aguanieve en que la nieve se ha disuelto por completo son más oscuras, y la luz de la hoguera resalta con mayor viveza en las paredes y los muebles de la habitación.