en la cadena de oro de los Dedlock, sino haber sido hechos de hierro común desde un principio y haber prestado un servicio vulgar.
Servicio, sin embargo (con unas pocas y limitadas reservas, educadas pero no lucrativas), no pueden hacer, debido a la dignidad de los Dedlock. Así que visitan a sus primos más ricos, y se endeudan cuando pueden, y viven sobriamente cuando no pueden, y encuentran —las mujeres sin marido, y los hombres sin esposa—, y viajan en carruajes prestados, y se sientan en banquetes que jamás organizan ellos mismos, y pasan así por la alta sociedad. La suma de la familia rica ha sido dividida por tantas cifras, y ellos son el sobrante que nadie sabe muy bien qué hacer con él.
Todos los que están del lado de la cuestión de Sir Leicester Dedlock y de su misma manera de pensar vendrían a ser parientes suyos en mayor o menor grado. Desde lord Boodle, pasando por el duque de Foodle, hasta llegar a Noodle, Sir Leicester, como una araña gloriosa, extiende sus hilos de parentesco.
Pero si bien es majestuoso en el parentesco de los Todos, es un hombre bondadoso y generoso, a su digna manera, en el parentesco de los Nadie; y en el momento actual, a pesar de la humedad, soporta la visita de varios parientes de esa laya en Chesney Wold con la constancia de un mártir.
De todos ellos, a la vanguardia se encuentra Volumnia Dedlock, una joven (de sesenta años) doblemente emparentada por altas jerarquías, ya que tiene el honor de ser pariente pobre, por parte de madre, de otra gran familia. La señorita Volumnia, que en su juventud dio muestras de un bonito talento para recortar adornos de papel de colores, así como para cantar con la guitarra en lengua española y proponer acertijos franceses en las casas de campo, pasó los veinte años de su existencia transcurridos entre los veinte y los cuarenta de manera bastante agradable.