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nydus/Bleak HousePublic
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XIX. Siguiendo adelante

—Amigos —dice—, recuerdo un deber que ayer quedó sin cumplir. Es justo que sufra alguna penitencia. No debo murmurar. ¡Rachael, paga los ocho peniques!

Mientras la señora Snagsby, tomando aliento, mira fijamente al señor Snagsby, como quien diría: «¡Escucháis a este apóstol!», y mientras el señor Chadband irradia humildad y aceite de ballena, la señora Chadband paga el dinero. Es costumbre del señor Chadband —es, en efecto, la base principal de sus pretensiones— llevar esta especie de cuenta de debe y haber con los más insignficanes detalles y publicarla a los cuatro vientos en las ocasiones más triviales.

—Mis amigos —dice Chadband—, ocho peniques no es mucho; bien podrían haber sido uno y cuatro peniques; bien podrían haber sido media corona. ¡Oh, seamos alegres, alegres! ¡Oh, seamos alegres!

Con

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