que constituye el tema de esta relación percibieron un olor muy peculiar; olor que en un momento dado llegó a ser tan intenso que el señor Swills, vocalista cómico contratado profesionalmente por el señor J. G. Bogsby, le ha declarado personalmente a nuestro reportero que le comentó a la señorita M. Melvilleson, una dama con ciertas pretensiones de dotes musicales, contratada asimismo por J. G. Bogsby para cantar en una serie de conciertos denominados Asambleas Armónicas, o Reuniones, los cuales al parecer se celebran en el Sol’s Arms bajo la dirección del señor Bogsby de conformidad con la Ley de Jorge Segundo, que él (el señor Swills) notaba que su voz se veía gravemente afectada por el estado impuro de la atmósfera, siendo su graciosa ocurrencia en aquel momento la de que era como un buzón de correos vacío, ya que no le quedaba ni una sola nota adentro.
Cómo este relato del señor Swills queda enteramente corroborado por dos mujeres casadas e inteligentes que residen en el mismo callejón y son conocidas respectivamente por los nombres de señora Piper y señora Perkins, las cuales observaron los fétidos efluvios y los consideraron emitidos desde el local ocupado por Krook, el desafortunado difunto.
Todo esto y mucho más lo ponen por escrito sobre la marcha los dos caballeros que han formado una amistosa sociedad en la melancólica catástrofe; y la población infantil del patio (fuera de la cama en un instante) trepa en enjambre por las contraventanas del salón del Sol’s Arms para contemplar la coronilla de sus cabezas mientras están en ello.
Toda la corte, tanto los adultos como los muchachos, pasa la noche en vela y no hace más que embozarse en sus múltiples capas y hablar de la desdichada casa y contemplarla. La señorita Flite ha sido rescatada con valentía de su aposento, como si estuviera en llamas, y se le ha asignado una cama en el Sol’s Arms. El Sol no apaga su gas ni cierra sus puertas en toda la noche, ya que cualquier