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nydus/Bleak HousePublic
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XXXIV. Otra vuelta de tuerca

el señor Bagnet, hace su aparición.

La anciana nunca aparece dispuesta para caminar, en ninguna estación del año, sin una capa de paño gris, burda y muy gastada pero muy limpia, que es, sin duda, la misma prenda que el señor Bagnet encontró tan interesante por haber hecho su viaje de regreso a Europa desde otro rincón del globo en compañía de la señora Bagnet y un paraguas.

Este último fiel apéndice es también invariablemente una parte de la presencia de la vieja dama fuera de casa. Carece de color conocido en esta vida y tiene un mango curvo de madera corrugada, con un objeto metálico incrustado en su proa, o pico, que se asemeja a un pequeño modelo de la claraboya de una puerta de calle o a uno de los cristales ovalados de unas gafas, objeto ornamental que no posee esa tenaz capacidad de mantenerse en su puesto que cabría desear en un artículo largamente asociado al ejército británico.

El paraguas de la vieja dama es de talle fofo y parece necesitar corsé, una apariencia que posiblemente se deba a haber servido durante una serie de años en casa como alacena y en los viajes como bolsa de viaje.

Ella nunca lo abre, pues confía plenamente en su bien probada capa con su amplia capucha, sino que por lo general utiliza el instrumento como una varilla con la que señalar las piezas de carne o los manojos de verduras al hacer la compra o para llamar la atención de los tenderos con un toque amistoso.

Sin su cesta de mercado, que es una especie de pozo de mimbre con dos tapas abatibles,

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