“Oyes lo que dice, y sé que es verdad. ¿Has estado aquí desde entonces?”
—Que me quede muerto si vi el Tom-all-Alone’s hasta esta bendita mañana —responde Jo con voz ronca.
“¿Por qué has venido aquí ahora?”
Jo mira a su alrededor por el patio cerrado, mira a su interrogador a la altura de las rodillas apenas, y finalmente responde: «No sé hacer ná de ná, y no puedo conseguir que me den ná que hacer. Soy muy probe y toy malo, y pensé que me vendría otra vez aquí cuando no hubiera naide por los alrededores, y me estiraría y me escondería en alguna parte de las que conozco hasta después de oscurecer, y luego iría a pedirle una miaja al señor Snagsby. Él siempre estaba dispuestu a darme argo, lo estaba, aunque la señora Snagsby siempre andaba correteándome detrás, como todo el mundo en todas partes».
“¿De dónde has venido?”
Jo mira de nuevo a todo su alrededor por el tribunal, vuelve a mirar las rodillas de su interrogador y concluye apoyando el perfil contra el vallado en una especie de resignación.
“¿Me has oído preguntarte de dónde vienes?”
—Vagabundo, pues —dice Jo.
—Ahora dime —prosigue Allan, haciendo un gran esfuerzo para vencer su repulsión, acercándose mucho a él e inclinándose sobre él con una expresión de confianza—, dime cómo se apegó el caso de que dejaras aquella casa cuando la buena señorita tuvo la desgracia de compadecerse de ti y llevarte a su hogar.
Jo sale de repente de su resignación y declara con entusiasmo, dirigiéndose a la mujer, que nunca había sabido nada de la señorita, que