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nydus/Bleak HousePublic
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XLI. En la habitación de Mr. Tulkinghorn

Lo sabría aún mejor si viera a la mujer pasearse por sus propias habitaciones con el cabello desordenadamente apartado de su rostro echado hacia atrás, las manos entrelazadas tras la cabeza, la figura retorcida como por el dolor.

Más lo pensaría aún si viera a la mujer yacer así de un lado a otro durante horas, sin fatiga, sin interrupción, seguida por el paso fiel sobre el Paseo del Fantasma.

Pero él cierra el paso al aire ya frío, corre la cortina de la ventana, se acuesta y se duerme. Y verdaderamente, cuando las estrellas se apagan y el día pálido se asoma a la habitación de la torre, hallándolo en su etapa más anciana, parece como si el cavador y la pala estuvieran ya encargados y no tardaran en cavar.

El mismo día desvaído se asoma a la ventana de sir Leicester, el cual indulta al país arrepentido en un sueño majestuosamente condescendiente; y a la de los primos que entran a ocupar diversos cargos públicos, principalmente el cobro de sueldo; y a la de la casta Volumnia, que concede una dote de cincuenta mil libras a un horrendo general anciano con una dentadura postiza parecida a un piano con demasiadas teclas, durante mucho tiempo la admiración de Bath y el terror de cualquier otra comunidad. Se asoma también a habitaciones bajo los tejados, y a despachos en los patios, y sobre las estabulaciones, donde una ambición más humilde sueña con la dicha, en las porterías de los guardas y en santo matrimonio con Will o Sally. Sale el sol brillante, elevando consigo todo cuanto puede⁠—los Wills y las Sallys, el vapor latente en la tierra, las hojas y flores lánguidas, las aves, bestias y reptiles, los jardineros dispuestos a barrer el césped rocíado y a desplegar un terciopelo esmeralda por donde pasa el rodillo, el humo del gran fuego de la cocina que se enrosca recto y alto en el aire luminoso. Por último, se eleva la bandera sobre la inconsciente cabeza del señor Tulkinghorn proclamando alegremente que sir Leicester y lady Dedlock se encuentran en su feliz hogar y que hay hospitalidad en la mansión de Lincolnshire.

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