En cuanto a Andrea, que estaba tranquilo y más interesante que nunca, salió del salón escoltado por los gendarmes, quienes le prestaron involuntariamente cierta atención.
—Bien, ¿qué te parece esto, mi buen amigo? —preguntó Debray al ujier, deslizándole un luis en la mano.
—Habrá circunstancias atenuantes —respondió él.