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nydus/Short FictionPublic
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La caza del oso

“Ya no sirve de nada mirar el camino. Veremos dónde ha tomado un desvío, a la derecha o a la izquierda, por las marcas en la nieve blanda del borde. En algún sitio ha tenido que desviarse, pues no habrá seguido hasta el pueblo”.

Avanzamos por el camino durante casi una milla y, entonces, vimos ante nosotros la huella del oso que se desviaba del camino. La examinamos. ¡Qué extraño! Era la huella de un oso sin duda alguna, ¡solo que no iba del camino al bosque, sino del bosque al camino! Los dedos apuntaban hacia el camino.

“Este debe ser otro oso”, dije.

Damian lo miró y reflexionó un momento.

—No —dijo él—. Es el mismo. Ha estado haciendo travesuras y caminó hacia atrás al salir del camino.

Seguimos la pista, ¡y vimos que en verdad era así! El oso había dado unos diez pasos hacia atrás y luego, detrás de un abeto, había dado la vuelta y seguido derecho. Damián se detuvo y dijo:

“Ahora seguro que lo rodearemos. Hay un pantano delante de nosotros, y él debe de haberse instalado allí. Vamos a rodearlo”.

Empezamos a abrirnos paso bordeando, a través de un espeso abetal. A estas alturas estaba agotado, y avanzar se había vuelto todavía más difícil. * ora me deslizaba sobre arbustos de enebro y enganchaba en ellos mis raquetas de nieve, * ora aparecía un abeto diminuto entre mis pies, o bien, por falta de práctica, se me salían las raquetas; * y ora tropezaba con un tocón o un tronco ocultos por la nieve. Estaba muy cansado, empapado en sudor, y me quité el abrigo de pieles. Y ahí estaba Damián todo el tiempo, deslizándose como

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