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nydus/Short FictionPublic
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I

esclavice, morirás tal como estás viviendo, en un estercolero, y tus hijos lo mismo”.

—Bueno, ¿y qué con eso? —respondió la menor—. Por supuesto que nuestro trabajo es áspero y burdo. Pero, por otra parte, es seguro, y no tenemos que inclinarnos ante nadie. En cambio ustedes, en sus ciudades, están rodeadas de tentaciones; hoy todo puede marchar bien, pero mañana el Maligno puede tentar a tu marido con el juego, el vino o las mujeres, y todo se irá a pique. ¿Acaso no ocurren esas cosas con bastante frecuencia?

Pajóm, el amo de la casa, estaba tumbado encima del horno y escuchaba la cháchara de las mujeres.

—Es la pura verdad —pensó—. Ocupados como estamos desde la infancia en labrar la madre tierra, los campesinos no tenemos tiempo de meter boberías en nuestras cabezas. Nuestro único problema es que no tenemos tierra suficiente. ¡Si tuviera tierra de sobra, no le temería ni al mismo Diablo!

Las mujeres terminaron el té, charlaron un rato sobre vestidos y luego retiraron los avíos del té y se acostaron a dormir.

Pero el Diablo había estado sentado detrás del horno y había oído todo lo que se había dicho. Se alegró de que la mujer del campesino hubiera hecho presumir a su marido, y de que este hubiera dicho que, si tuviera mucha tierra, no temería ni al mismo Diablo.

—Muy bien —pensó el diablo—. Tendremos un combate. Te daré tierra de sobra; y por medio de esa tierra te atraparé en mi poder.

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