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nydus/Short FictionPublic
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VIII

Cuando despertó estaba oscureciendo; le trajeron la cena. Se obligó a tomar un poco de caldo; y otra vez todo lo mismo, y de nuevo la inminente noche.

Después de cenar, a las siete, Praskovya Fyodorovna entró en su habitación, vestida como para ir a una soirée, con el generoso busto apretado por el corsé y trazas de polvo de arroz en el rostro. Por la mañana le había mencionado que iban al teatro. Sarah Bernhardt estaba de visita en la ciudad y tenían un palco, en cuya reserva él había insistido. A estas alturas ya se había olvidado del asunto, y su elegante atuendo le resultó una ofensa. Pero ocultó ese sentimiento al recordar que él mismo había insistido en que cogieran el palco y fueran, porque se trataba de un placer estético, beneficioso e instructivo para los niños.

Praskovya Fiódorovna entró satisfecha consigo misma, pero a la vez con un aire algo culpable.

Se sentó, le preguntó cómo estaba, como él vio, simplemente por preguntar, y no con el fin de enterarse de nada, sabiendo de hecho que no había nada que enterarse, y empezó a contarle lo absolutamente necesario que era; cómo no habría ido por nada del mundo, pero habían cogido el palco, y Ellen, su hija, y Petrisíchev (el juez de instrucción, el pretendiente de la hija) iban a ir, y que estaba fuera de lugar dejarles ir solos.

Pero que a ella le habría gustado mucho más quedarse con él. Con tal de que él se decidiera a seguir la prescripción del médico mientras ella estuviera fuera.

“Oh, y Fiódor Dmítrievitch” (el pretendiente) “quiere entrar. ¿Puede? ¿Y Liza?”

“Sí, déjalos entrar.”

Entró la hija, con traje de gala, su fresco y joven cuerpo desnudo, mientras el cuerpo de él le hacía sufrir tanto. Pero ella hacía ostentación

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