ayudaba en todas las tareas, corriendo tras Eliseo y llamándole:
“Papá, papá.”
La anciana cobró fuerzas y logró salir a ver a una vecina. El hombre también mejoró y pudo moverse agarrándose de la pared. Solo la esposa no lograba levantarse, pero incluso ella recuperó el conocimiento al tercer día y pidió comida.
—Bueno —pensó Eliseo—, nunca esperé perder tanto tiempo en el camino. Ahora debo seguir adelante.