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nydus/Short FictionPublic
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I

¡Extraña y maravillosa es mi suerte! Lo más probable es que no haya un solo mendigo desdichado que sufra bajo el lujo y la opresión de los ricos que sienta, ni remotamente con tanta intensidad como yo, ni la injusticia, la crueldad y el horror de su opresión y desprecio hacia los pobres; ni la humillación machacona y la miseria que recaen sobre la gran mayoría de los trabajadores, los verdaderos productores de todo cuanto hace posible la vida. He sentido esto durante mucho tiempo, y al pasar los años el sentimiento ha ido creciendo y creciendo, hasta que recientemente alcanzó su punto máximo. Aunque siento todo esto con tanta viveza, sigo viviendo en medio de la depravación y los pecados de la rica sociedad; y no puedo abandonarla, porque no tengo ni el conocimiento ni la fuerza para hacerlo. No puedo. No sé cómo cambiar mi vida para que mis necesidades físicas —la comida, el sueño, la ropa, mi deambular— puedan verse satisfechas sin un sentimiento de vergüenza y mal hacer en el puesto que ocupo.

Hubo un tiempo en que intenté cambiar mi posición, la cual no estaba en armonía con mi conciencia; pero las condiciones creadas por el pasado, por mi familia y sus exigencias hacia mí, eran tan complicadas que no me dejaban escapar de sus garras, o más bien, yo no sabía cómo liberarme. No tenía la fuerza.

Ahora que tengo más de ochenta años y me he vuelto débil, he renunciado a intentar liberarme; y, cosa extraña, a medida que mi debilidad aumenta, comprendo con más y más fuerza lo incorrecto de mi posición, y esta se vuelve cada vez más intolerable para mí.

Se me ha ocurrido que no ocupo este puesto por nada: que la Providencia dispuso que yo sacara a la luz la verdad de mis sentimientos,

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