no había terminado los estudios, sino que fue expulsado estando en quinto año. Iván Ilich completó los estudios con éxito. En la escuela fue exactamente igual que lo sería después durante toda su vida: un tipo inteligente, de muy buen humor y sociable, pero estricto en el cumplimiento de lo que consideraba su deber. Consideraba su deber todo aquello que así lo consideraban las personas puestas en autoridad sobre él. De muchacho no fue un adulador, como tampoco lo fue más tarde de adulto; pero desde sus primeros años se sintió atraído, como la mosca a la luz, hacia las personas de buena posición en el mundo, asimiló sus modales y sus puntos de vista sobre la vida, y entabló relaciones amistosas con ellas. Todos los entusiasmos de la infancia y la juventud pasaron sin dejar grandes huellas en él; se entregó a la sensualidad y a la vanidad, y últimamente, cuando estaba en los cursos superiores de la escuela, al liberalismo, pero manteniéndose siempre dentro de ciertos límites que sus instintos le señalaban infaliblemente.
En la escuela había cometido acciones que se le antojaban de antemano como una