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nydus/Short FictionPublic
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III

13 de diciembre.

Anoche dormí muy poco y tuve malos sueños. Pensé que una mujer desagradable y de aspecto enfermizo se apretaba contra mí y yo no le temía a ella, ni al pecado, sino a que mi esposa nos viera. No quería volver a oír sus reproches.

Tengo setenta y dos años y todavía no soy libre. En estado de vigilia es posible engañarse a uno mismo, pero en los sueños se obtiene una verdadera estimación del plano al que uno ha llegado.

Tuve un segundo sueño que me dio otra prueba de mi bajo estado moral. Me pareció que alguien me había traído unos dulces envueltos en musgo verde. Los desenpaquetamos y nos los repartimos, y sobraron algunos. Yo seguía apartando algunos para mí, cuando de repente vi a un muchacho de aspecto desagradable y piel oscura, hijo del Sultán, que extendía el brazo hacia mí e intentaba arrebatármelos. Lo aparté rudamente, aunque sabía muy bien que para un niño era mucho más natural comer dulces que para mí, pero estaba enojado con él y no quería darle ninguno, consciente al mismo tiempo de que eso era mezquino.

Algo parecido me pasó a mí estando despierto. Tuve la visita de María Martemiánovna; ayer vino un recadero a preguntar si podía venir. No quise herir sus sentimientos, así que accedí, pero estas visitas me resultan sumamente agotadoras. Vino hoy. Pude oír el ruido de su trineo sobre la nieve crujiente cuando aún estaba bastante lejos. Llegó con su abrigo de pieles y sus chales, cargada con los paquetes que me había traído, haciendo entrar tanto frío que me vi

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