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nydus/Short FictionPublic
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II

En cuanto el viejo se hubo marchado, se alzaron varias voces.

—¡Un papá a la antigua! —comentó el dependiente.

—¡Un Domostróy viviente! —dijo la señora—. ¡Qué opiniones tan bárbaras sobre las mujeres y el matrimonio!

“Sí, estamos lejos de la concepción europea del matrimonio”, dijo el abogado.

—Lo principal que esa clase de gente no comprende —continuó la dama—, es que el matrimonio sin amor no es un matrimonio; que el amor santifica el matrimonio, y que el verdadero matrimonio es únicamente aquel que está santificado por el amor.

El dependiente escuchaba sonriente, tratando de almacenar para el futuro todo lo que pudiera de aquella inteligente conversación.

En medio de las observaciones de la señora oímos, a mis espaldas, un sonido semejante al de una risa o un sollozo ahogados; y al girar vimos a mi vecino, el solitario hombre de cabello gris y ojos brillantes, que se había acercado sin ser visto durante nuestra conversación, la cual evidentemente le interesaba.

Permanecía de pie con los brazos apoyados en el respaldo del asiento, muy agitado al parecer; su rostro estaba rojo y un músculo le temblaba en la mejilla.

—¿Qué clase de amor... amor... es el que santifica el matrimonio? —preguntó con vacilación.

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