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nydus/Short FictionPublic
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Tercer Fragmento

Estaban encarcelados en Krasnoslobódsk, y sus familias trataban de arreglárselas lo mejor que podían. No se podía apelar a nadie en el caso. El mismo Iván Mirónovich dijo que no podía tomarlo, porque no era un asunto comunal, ni civil, sino criminal. Los campesinos estaban en prisión y nadie les prestaba atención; pero una familia, la de Mikhaíl Gerásimovich, en especial su esposa Tíkhonovna, no podía acostumbrarse a la idea de que el entrañable anciano, Gerásimovich, estuviera sentado en prisión con la cabeza rapada. Tíkhonovna no podía estar tranquila. Le rogó a Mirónovich que tomara el caso, pero él lo rechazó. Entonces decidió ir ella misma a rezar a Dios por el viejo. El año anterior había hecho la promesa de ir en peregrinación a visitar a un santo, y la había pospuesto un año más solo porque no había tenido tiempo y no quería dejar la casa a cargo de las nueras jóvenes. Ahora que la desgracia había ocurrido y Gerásimovich había sido metido en la cárcel, recordó su promesa; dio la espalda a su casa y, junto con la esposa del diácono del mismo pueblo, se dispuso a emprender la peregrinación.

Primero fueron a la capital de distrito a ver al viejo de ella en la prisión y a llevarle unas camisas; de allí pasaron por la capital de la Gobernación hasta Moscú.

En el camino, Tíkhonovna le contó su pena a la mujer del diácono, y esta última le aconsejó que le suplicara al emperador, quien, según decían, iba a estar en Pénza, hablándole de varios casos de indulto concedidos por él.

Cuando los peregrinos llegaron a Pénza, se enteraron de que allí no estaba el emperador, sino su hermano, el gran duque Nikoláy Pávlovich. Cuando este salió de la catedral, Tíkhonovna se abrió paso a empujones, cayó de rodillas y comenzó a suplicar por su esposo. El gran duque se sorprendió, el gobernador se enfadó y la anciana fue llevada al calabozo.

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