Todo esto era nuevo para Stepán, y se preguntaba por qué se le había ocultado durante tanto tiempo.
Desde aquel día en adelante pasó todo su tiempo libre con Chuiev, haciéndole preguntas y escuchándole. Vio una sola verdad en el fondo de las enseñanzas de Cristo tal como se las reveló Chuiev: que todos los hombres son hermanos, y que deben amarse y compadecerse los unos a los otros para que todos puedan ser felices.
Y cuando escuchaba a Chuiev, todo lo que era coherente con esta verdad fundamental le llegaba como algo que ya había conocido antes y que solo había olvidado desde entonces, mientras que todo lo que oía y parecía contradecirla, no lo tomaba en cuenta, pues pensaba que simplemente no había comprendido el verdadero significado.
Y a partir de ese momento Stepán fue un hombre diferente.