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nydus/Short FictionPublic
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XXI

hombres que conocía sentimientos que ella ni deseaba ni tenía tiempo de compartir, ocupada como estaba con su labor de propaganda, que consistía principalmente en meras charlas. No le desagradaba, sin embargo, inspirar dichos sentimientos; y, sin vestir con demasiada elegancia, no descuidaba su apariencia. Le gustaba ser admirada, ya que eso le brindaba la oportunidad de demostrar lo poco que valoraba aquello a lo que otras mujeres daban tanta importancia.

En sus opiniones acerca del método para combatir al gobierno iba más allá que la mayoría de sus camaradas, y que su amigo Turin; todos los medios, enseñaba ella, estaban justificados en semejante lucha, sin excluir el asesinato.

Y, sin embargo, con todas sus ideas revolucionarias, Katia Turchaninova era en el fondo de su alma una muchacha muy bondadosa, dispuesta a sacrificarse por el bienestar y la felicidad de los demás, y sinceramente feliz cuando podía hacer una buena obra a cualquiera, a un niño, a un anciano o a un animal.

Fui en verano a pasar una temporada con una amiga, una maestra de escuela en una pequeña ciudad a orillas del Volga.

Turin vivía cerca de dicha ciudad, en la finca de su padre.

A menudo iba a ver a las dos muchachas; se intercambiaban libros para leer y mantenían largas conversaciones, en las que expresaban su indignación común ante el estado de cosas en el país.

El médico del distrito, amigo de ellos, también solía unírseles en muchas ocasiones.

La hacienda de los Turin estaba situada en las inmediaciones de la hacienda de los Liventsov, aquella cuya administración se le había encomendado a Piotr Nikoláievich Sventizky.

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