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nydus/Short FictionPublic
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VIII

a caballo dos veces, y le aterrorizó tanto que no creía en la realidad de lo que le estaba sucediendo. «¿Será esto un sueño?», pensó, y trató de despertarse pero no pudo. Era nieve de verdad la que le azotaba la cara, lo cubría y le helaba la mano derecha, de la cual había perdido el guante, y este era un desierto real en el que ahora se quedaba solo como aquel ajenjo, a la espera de una muerte inevitable, rápida y sin

«¡Reina del Cielo! ¡Santo Padre Nicolás, maestro de la templanza!», pensaba, recordando el oficio del día anterior y el santo icono de rostro negro y marco dorado, y los cirios que vendía para que fueran colocados ante ese icono y que casi inmediatamente le devolvían apenas consumidos, y que él guardaba en el arca del almacén.

Empezó a rezarle a aquel mismo Nicolás el Taumaturgo para que lo salvara, prometiéndole un servicio de acción de gracias y unas velas. Pero comprendió clara e indudablemente que el icono, su marco, las velas, el sacerdote y el servicio de acción de gracias, aunque muy importantes y necesarios en la iglesia, no podían hacer nada por él allí, y que no había ni podía haber conexión alguna entre aquellas velas y servicios y su actual y desastrosa situación.

«No debo desesperar —pensó—. Debo seguir la huella del caballo antes de que la nieve la cubra. Él me sacará, o tal vez incluso lo alcance. Solo que no debo apresurarme, o me atascaré y estaré más perdido que nunca».

Pero a pesar de su resolución de marchar con calma, se precipitó hacia adelante y hasta corrió, cayendo continuamente, levantándose y volviendo a caer. Las huellas del caballo apenas eran visibles ya en los lugares donde la nieve no era profunda. > «¡Estoy perdido!», pensó Vasili Andréievich. «Perderé el rastro y no alcanzaré al

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