Belzebú comprendió que todo estaba perdido. Quiso quitarse los grilletes de las piernas y huir, pero no pudo moverse de su sitio; los grilletes se le habían soldado y ataban sus propios miembros. Quiso usar sus alas, pero no pudo desplegarlas. Y Belzebú vio cómo Jesús, envuelto en una luz brillante, aparecía a las puertas del infierno, vio cómo los pecadores, desde Adán hasta Judas, salían del infierno, vio cómo todos los demonios huían aterrorizados, vio cómo los muros mismos del infierno se desmoronaban silenciosamente por todas partes. No pudo soportarlo más y, con un grito estridente, cayó a través del suelo desgarrado hacia el sótano.
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I
1954