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nydus/Short FictionPublic
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Ermák

A unas cien verstas de ellos se alzaban unas montañas altas, los montes Urales, y más allá, según habían oído, había buena tierra, y de esa tierra no había fin. Esta tierra era gobernada por un pequeño príncipe siberiano, llamado Kuchum. En otros tiempos, Kuchum había jurado lealtad al zar ruso, pero más tarde comenzó a rebelarse y amenazó con destruir las ciudades de Stróganov.

Así que los Stróganov le escribieron al zar:

«Nos habéis dado tierras, y nosotros las hemos conquistado y os las hemos entregado; ahora el zarillo ladrón Kuchum se rebela contra vosotros, y quiere arrebatarnos esas tierra y arruinarnos. Ordenadnos tomar posesión de las tierras más allá de los montes Urales; conquistaremos a Kuchum y someteremos todas sus tierras a vuestro dominio».

El zar accedió y contestó:

“Si tenéis fuerza suficiente, quitadle la tierra a Kuchum. Solo que no atraigáis a mucha gente lejos de Rusia”.

Cuando los Stróganov recibieron aquella carta del zar, enviaron a sus dependientes a reclutar a más gente. Y les ordenaron que persuadieran sobre todo a los cosacos del Volga y del Don para que vinieran.

Por entonces, muchos cosacos vagaban por el Volga y el Don. Solían reunirse en bandas de doscientos, trescientos o seiscientos hombres, elegían a un atamán, bajaban en barcazas para apoderarse de los barcos y asaltarlos, y pasaban el invierno en los pueblecitos de la orilla.

Los empleados llegaron al Volga, y allí preguntaron quiénes eran los famosos cosacos de aquella región. Les respondieron:

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