Mayordomo, podía cantar una canción ante la horca sobre cómo besaba los labios azucarados y todo lo demás. Y triunfaría. Si ella todavía no lo ha hecho pero lo desea —y sé que lo desea—, es todavía peor; habría sido mejor que lo hubiera hecho y yo lo supiera, para que hubiera un fin a esta incertidumbre. No habría sabido decir qué era lo que quería. Quería que ella no deseara aquello que estaba obligada a desear. Era una locura total.
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XXV
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