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nydus/Short FictionPublic
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“Debes conocer todos los recovecos del lugar, y tienes que tener a alguien en el sitio que te ayude”.

Entonces se le ocurrió a Iván Mirónov que conocía a un terrateniente, Sventizky; había trabajado en su finca, y Sventizky, al liquidarle el pago, le había descontado rublo y medio por una herramienta rota. Recordaba bien los caballos grises que solía conducir en casa de Sventizky.

Iván Mirónov fue a ver a Piotr Nikoláyevich con el pretexto de pedir empleo, pero en realidad para obtener la información que deseaba. Tomó precauciones para asegurarse de que el sereno estuviera ausente y de que los caballos estuvieran en sus pesebreras en la caballeriza. Trajo a los ladrones al lugar y los ayudó a robar los tres caballos.

Se repartieron las ganancias e Iván Mirónov regresó con su mujer con cinco rublos en el bolsillo.

No tenía nada que hacer en casa, ya que no tenía caballo para trabajar en el campo, por lo que siguió robando caballos en compañía de ladrones de caballos profesionales y gitanos.

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