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nydus/Short FictionPublic
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IV

El castrado ya no pudo soportar aquello, ya no pudo esquivar sus coces. Se detuvo en medio del campo: su rostro expresaba la repugnante y débil ira de la vejez desvalida, y además la desesperación.

Pachó las orejas y, de repente, ocurrió algo que hizo que todos los caballos enmudecieran de golpe. Una yegua muy vieja, Viazopúrikha, se acercó, olfateó al castrado y suspiró. El castrado también suspiró.

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