Todo el mal proviene del hambre».
La Paloma dijo:
—Según mi opinión, el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, el problema no sería tan grave. Una sola cabeza no es desgraciada, y si lo es, es una sola. Pero aquí vivimos en parejas. Y llegas a querer tanto a tu compañera que no tienes descanso: sigues pensando en ella todo el tiempo, preguntándote si habrá comido lo suficiente y si tiene calor.
Y cuando tu compañera se aleja volando de ti, te sientes completamente perdido, y sigues pensando que un gavilán puede habérsela llevado, o que los hombres pueden haberla atrapado; y sales a buscarla, y vuelas hacia tu ruina, ya sea a las garras del gavilán o a una trampa. Y cuando tu compañera se pierde, nada te da alegría. Nocomes ni bebes, y todo el tiempo buscas y lloras.
¡Ay, cuántos de nosotros perecemos de esta manera! Todo el mal no proviene del hambre, sino del amor.
La Serpiente dijo:
“No, el mal no viene del hambre, ni del amor, sino de la ira. Si viviéramos en paz, sin montarnos en cólera, todo nos iría bien. Pero tal como están las cosas, en cuanto algo no sale exactamente como queremos, nos enfadamos, y entonces nada nos complace. En lo único que pensamos es en cómo vengarnos de alguien. Entonces nos olvidamos de nosotros mismos, y solo siseamos, y nos arrastramos, y tratamos de encontrar a alguien a quien morder. Y no perdonamos a un alma; hasta mordemos a nuestro propio padre y a nuestra madre. Sentimos como si pudiéramos devorarnos a nosotros mismos. Y nos enfurecemos hasta que perezcemos. Todo el mal del mundo proviene de la ira”.