nuestras almas, aumenta la fuerza que necesitamos para una vida amorosa y laboriosa. Tal ciencia, en la medida de lo posible, la desarrollamos en nosotros y en nuestros hijos, y tal arte lo cultivamos con gusto en nuestro tiempo libre. Leemos y estudiamos los escritos que nos han legado; cantamos canciones, pintamos cuadros, y nuestras canciones y pinturas alientan nuestras almas y nos alegran en los momentos de abatimiento. Y por esta razón no podemos aprobar la aplicación que ustedes hacen de las artes y las ciencias. Sus hombres cultos emplean sus aptitudes y conocimientos en la invención de nuevos medios para causar el mal a los hombres; perfeccionan los métodos de guerra, en otras palabras, de asesinato; idean nuevas formas de ganar dinero, es decir, de enriquecer a unos a expensas de otros. Su arte sirve para la erección y decoración de templos en honor a sus dioses, en los cuales los más cultos de ustedes hace tiempo que dejaron de creer, pero cuya creencia inculcan en los demás, considerando que, mediante tal engaño, los mantienen bajo su poder. Erigen estatuas en honor a los más poderosos y crueles de sus tiranos, a quienes nadie respeta, pero todos temen. En sus teatros se permiten representaciones que ensalzan el amor criminal para admiración del público. La música sirve para la delectación de sus hombres ricos que han comido y bebido en sus banquetes lujosos. El arte pictórico se emplea para representar en casas de lenocinio escenas tales que ningún hombre sobrio y no corrompido por pasiones animales podría mirar sin ruborizarse. ¡No, no para esto fue dotado el hombre de estas elevadas cualidades que lo diferencian de las bestias! Es imposible utilizarlas para la mera gratificación de sus cuerpos. Consagrando toda nuestra vida a la realización de la voluntad de Dios, empleamos con mayor razón nuestras facultades más altas en el mismo servicio”.
—Sí —dijo Julio—, todo esto sería admirable si la vida en tales condiciones fuera posible; pero no es posible vivir así. Os engañáis a vosotros mismos. No reconocéis nuestra protección. Pero si no fuera por las legiones romanas, ¿podríais vivir con alguna comodidad? Os beneficiáis de nuestra protección, aunque no la reconozcáis. Algunos