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nydus/Short FictionPublic
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III

permitido que llevaran sus lacayos, además de comprar otras cuantas cosas; en cambio, Kuntz se maravillaba de la esbelta cintura del joven, como jamás había visto otra igual, según explicaba a todo el mundo. Serézha sabía que tenía una cintura hermosa y se sentía muy alagado por los elogios de un desconocido como Kuntz.

Salió con 250 rublos menos, pero mal vestido, de hecho tan mal que su ropa, dos días después, pasó a ser propiedad de Vasíli y dejó siempre un recuerdo desagradable en Serézha.

En casa bajó, se sentó en el gran vestíbulo, mirando de vez en cuando hacia el sanctasanctórum, y pidió un desayuno de platos tan extraños que el criado de la cocina tuvo que reírse. Luego pidió una revista y fingió estar leyendo. Cuando el criado, animado por la inexperiencia del joven, le dirigió algunas preguntas, Serézha dijo: «¡Vete a tu sitio!» y se sonrojó. Pero lo dijo con tanta altivez que el criado obedeció. La

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