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nydus/Short FictionPublic
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Table of Contents

I

Primera parábola

Una mala hierba se había extendido por un hermoso prado. Y para deshacerse de ella, los inquilinos del prado la segaron, pero la mala hierba no hizo sino aumentar a consecuencia de ello. Y entonces el bondadoso y sabio amo vino a visitar a los inquilinos del prado y, entre los otros buenos consejos que les dio, les dijo que no debían segar la mala hierba, ya que eso solo hacía que creciera con más lozanía, sino que debían arrancarla de raíz.

Pero ya sea porque los arrendatarios del prado no tomaron en cuenta, entre las demás prescripciones del buen amo, su consejo de no segar la mala hierba, sino arrancarla de raíz, o porque no lo comprendieron, o porque, según sus cálculos, parecía una tontería obedecer, el resultado fue que su consejo de no segar la hierba, sino arrancarla, no se siguió, como si jamás lo hubiera pronunciado, y los hombres continuaron segando la hierba y esparciéndola.

Y aunque, durante los años sucesivos, hubo hombres que recordaron a los inquilinos del prado el consejo del bondadoso y sabio amo, ellos no les hicieron caso, y continuaron haciendo como antes, de modo que segar la mala hierba tan pronto como empezaba a aparecer se convirtió no solo en una costumbre sino incluso en una tradición sagrada, y el prado se fue infestando cada vez más.

Y el asunto llegó a tal extremo que en el prado ya no crecía más que mala hierba, y los hombres se lamentaban de esto e inventaban toda clase de medios para corregir el mal; pero el único que no empleaban era el que hacía mucho tiempo les había prescrito su bondadoso y sabio amo.

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