—¡Tú solo pide, eso es todo! En realidad no nos llevaremos los ataudes, sino que haremos una caja lo suficientemente grande como para que quepan, y meteremos a José en ella.
Al principio, Albína rechazó esta propuesta, tan desagradable le resultaba asociar el engaño con el recuerdo de sus hijos; pero cuando Migoúrski aprobó alegremente el plan, ella aceptó.
Así quedó elaborado el plan definitivo:
Migoúrski haría todo lo necesario para convencer a las Autoridades de que se había ahogado. Una vez que su muerte fuera aceptada como un hecho, Albína presentaría una solicitud para obtener permiso para regresar a casa y llevarse los cuerpos de sus hijos —siendo su marido difunto—. Cuando recibiera este permiso, harían que las tumbas parecieran haber sido abiertas y los atúdes exhumados; pero los dejarían donde estaban y, en lugar de ellos, Migoúrski se metería en el cajón. El cajón sería colocado en un tarantás, y de este modo viajarían a Sarátof. En Sarátof tomarían un barco, y en el barco Josy sería liberado del cajón, y navegarían hacia el mar Caspio, y desde allí hacia Persia o Turquía y hacia la libertad.