at the school of jurisprudence, and considered himself under obligations to Ivan Ilyitch.
Contándole a su esposa durante la cena la noticia de la muerte de Iván Ilich y sus reflexiones sobre la posibilidad de que trasladaran a su hermano al circuito de ellos, Piotr Ivánovich, sin acostarse para su habitual siesta, se puso la levita y fue en coche a casa de Iván Ilich.
A la entrada, ante el piso de Iván Ilich, había un carruaje y dos fiacres de alquiler.
Abajo, en el vestíbulo, cerca del paragüero, estaba apoyada contra la pared la tapa de un ataúd con borlas y galones recién frotados con arcilla blanca.
Dos señoras se estaban quitando los abrigos. A una de ellas la conocía, era la hermana de Iván Ilich; la otra era una señora a la que no conocía.
El colega de Piotr Ivánovich, Shvarts, iba bajando; y desde el rellano superior, al ver quién entraba, se detuvo y le guiñó un ojo, como queriendo decir:
«Iván Ilich ha metido la pata; con usted y conmigo la cosa es muy distinta».