médicos entre nuestras clases acomodadas. ¡Aun ahora, con solo recordar la vida de mi esposa y el estado en el que se encontraba durante los primeros años, cuando teníamos tres o cuatro hijos y ella estaba absorta en ellos, me invade el horror! No llevábamos ninguna vida en absoluto, sino que vivíamos en un estado de peligro constante, de huida de este, de peligro recurrente, seguido de nuevo por una lucha desesperada y otra huida—, siempre como si estuviéramos en un barco que se hunde. A veces me parecía que esto se hacía a propósito y que ella fingía estar preocupada por los hijos para someterme. Resolvía todas las cuestiones a su favor con una sencillez tan tentadora. A veces parecía que todo lo que hacía y decía en esas ocasiones era simulación. ¡Pero no! Ella misma sufría terriblemente, y se atormentaba continuamente por los hijos, por su salud y sus enfermedades. Era una tortura para ella y para mí también; y le era imposible no sufrir. Al fin y al cabo, el apego a sus hijos, la necesidad animal de alimentarlos, acariciarlos y protegerlos, estaba ahí como en la mayoría de las mujeres, pero no existía la falta de imaginación y de razón que hay en los animales. Una gallina no teme lo que pueda sucederle a su polluelo, no conoce todas las enfermedades que pueden afectarle, y no conoce todos esos remedios con los que la gente se imagina que puede salvarlos de la enfermedad y de la muerte. Y para una gallina sus crías no son una fuente de tormento. Hace por ellas lo que le es natural y placentero hacer; sus crías le resultan un placer. Cuando un polluelo enferma, sus deberes son muy claros: lo abriga y lo alimenta. Y al hacer esto sabe que está haciendo todo lo necesario. Si su polluelo muere, no se pregunta por qué murió, o a dónde ha ido a parar; cacarea un rato, luego deja de hacerlo y sigue viviendo como antes. Pero para nuestras infelices mujeres, mi esposa entre ellas, no era así. Por no hablar de las enfermedades y de cómo curarlas, ella escuchaba y leía por todas partes un sinfín de normas para la crianza y la educación de los niños, que eran reemplazadas continuamente por otras. Esta es la forma de alimentar a un niño: aliméntalo de esta manera, con tal cosa; no, con tal cosa no, sino de esta otra; ropa, bebidas, baños, acostar, pasear, aire fresco—, para
Table of Contents
XVI
1587