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nydus/Short FictionPublic
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XII

esposa. Solo recuerdo que ella le dio tal giro al asunto que una observación mía pareció ser la expresión de un deseo por mi parte de dominarla a través del dinero, sobre el cual se suponía que yo reclamaba un derecho exclusivo; era algo increíblemente estúpido, mezquino y nada natural ni para mí ni para ella. Me exasperé y le reproché su falta de consideración hacia mí. Ella me acusó de lo mismo, y todo volvió a empezar. En sus palabras y en la expresión de su rostro y de sus ojos volví a notar la hostilidad cruel y fría que tanto me había desconcertado antes. Antaño me había peleado con mi hermano, con mis amigos y con mi padre, pero nunca, que yo recuerde, había existido esa malicia tan ponzoñosa que había aquí. Sin embargo, al cabo de un tiempo, este odio mutuo quedó velado por el ardor amoroso, es decir, la sensualidad, y aún me consolaba con la idea de que esas dos peleas habían sido un error y tenían remedio. Pero luego vinieron una tercera y una cuarta pelea, y comprendí que no era algo accidental, sino que tenía que suceder y sucedería así, y me horrorizó el panorama que tenía por delante. Al mismo tiempo me atormentaba el terrible pensamiento de que solo yo vivía en tan malos términos con mi esposa, tan lejos de lo que había esperado, mientras que entre otros matrimonios no ocurría esto. No sabía entonces que es nuestro destino común, y que todos se imaginan, exactamente igual que yo, que se trata de su desventura particular, y todos ocultan esta desventura excepcional y vergonzosa no solo a los demás, sino incluso a sí mismos, y no se la reconocen ni a sí mismos.”

«Comenzó durante los primeros días y continuó todo el tiempo, aumentando sin cesar y volviéndose más obstinado. En lo más profundo de mi alma sentí desde las primeras semanas que estaba perdido, que las cosas no habían resultado como esperaba, que el matrimonio no solo no era una felicidad, sino una carga muy pesada; pero, como todo el mundo, no quería reconocer esto ante mí mismo (no lo habría reconocido ni ahora de no ser por el final que vino después) y lo ocultaba no solo de los demás, sino también de mí mismo.

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