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nydus/Short FictionPublic
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El fuego

Durante el tiempo de la cosecha, los hombres y las mujeres salían a trabajar.

En la aldea solo se quedaban los ancianos y los más pequeños.

En una choza se quedaron una abuela con sus tres nietos.

La abuela encendió el fuego en el horno y se tendió a descansar. Las moscas no paraban de postrarse sobre ella y picarla. Se cubrió la cabeza con una toalla y se durmió.

Uno de los nietos, Másha (tenía tres años), abrió el horno, sacó unas brasas con un tiesto y fue al zaguán. En el zaguán había gavillas: las mujeres estaban atándolas.

Másha trajo los carbones, los puso debajo de los haces y comenzó a soplar. Cuando la paja prendió fuego, se alegró; entró en la choza, tomó a su hermano Kiryúsha del brazo (tenía año y medio y acababa de aprender a caminar), lo sacó y le dijo:

—Mira, Kiryúsha, qué fuego he encendido.

Los haces ya estaban ardiendo y crujiendo. Cuando el vestíbulo se llenó de humo, Másha se asustó y corrió de regreso a la casa. Kiryúsha se cayó en el umbral, se lastimó la nariz y se puso a llorar; Másha lo metió a la casa de un tirón, y ambos se escondieron debajo de un banco.

La abuela no oyó nada y no se despertó. El hermano mayor, Ványa (tenía ocho años), estaba en la calle. Cuando vio el humo que salía a borbotones del vestíbulo, corrió hacia la puerta, se abrió paso a través del humo hacia la casa y comenzó a despertar a su abuela; pero ella estaba

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