demonio te lleva al juez o a cualquier picapleitos. La reja no llega a tiempo, ni la siembra tampoco, y la madre tierra no puede dar su fruto como es debido. ¿Por qué falló la avena este año? ¿Cuándo la sembraste? ¡Cuando volviste del pueblo! ¿Y qué ganaste? Una carga sobre tus propias espaldas. … ¡Eh, muchacho, ocúpate de tus asuntos! Trabaja con tus muchachos en el campo y en casa, y si alguien te ofende, perdónale, tal como Dios quiso que hicieras. Entonces la vida será fácil y tu corazón estará siempre ligero.
Iván guardó silencio.
—¡Iván, hijo mío, escucha a tu viejo padre! Ve y engancha al rosillo, y vete ahora mismo a la oficina del gobierno; pon fin a todo este asunto allí; y por la mañana ve a hacer las paces con Gabriel en el nombre de Dios, e invítalo a tu casa para la fiesta de mañana (era la víspera de la Natividad de la Virgen). Ten el té listo, consigue una botella de vodka y pon fin a este mal asunto, para que no vuelva a haber más en el futuro, y diles a las mujeres y a los niños que hagan lo mismo.
Iván suspiró, y pensó: «Lo que dice es verdad», y se sintió más aliviado. Solo que ahora no sabía cómo empezar a arreglar las cosas.
Pero de nuevo el viejo empezó a hablar, como si hubiera adivinado lo que pasaba por la mente de Iván.
“¡Anda, Iván, no lo dejes para luego! Apaga el fuego antes de que se extienda, o será demasiado tarde”.
El viejo iba a decir algo más, pero antes de que pudiera hacerlo entraron las mujeres, parloteando como urracas. La noticia de que a Gabriel lo habían condenado a recibir latigazos, y de su amenaza de prender fuego a la casa, ya les había llegado. Se habían enterado de todo, le habían añadido algo de su cosecha y habían vuelto a discutir, en el pastizal, con las mujeres de la casa de Gabriel.