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nydus/Short FictionPublic
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XIV

—No volveré a hacerlo. No es nada —susurró él, y besó la húmeda y larga mano de ella y luego sus afectuosos ojos, que se cerraron mientras él los besaba.

—¿Puede ser otra vez lo mismo? —preguntó—. ¿Cómo te sientes?

—Me da miedo decirlo por temor a equivocarme, pero siento que está vivo y vivirá —dijo ella, mirando de reojo su vientre.

—Ah, es terrible, terrible pensar en ello.

A pesar de la insistencia de Liza de que se fuera, Eugène pasó la noche con ella, sin pegar casi ojo y dispuesto a atenderla.

Pero ella pasó bien la noche, y de no haber mandado a llamar al médico quizás se habría levantado.

A la hora de cenar llegó el médico y, por supuesto, dijo que aunque si los síntomas reaparecían podría haber motivos de aprehensión, en realidad no había síntomas positivos, pero como tampoco había indicaciones contrarias, cabía suponer por un lado que—y por el otro que—... Y por tanto ella debía guardar cama, y que «aunque no me gusta recetar, de todos modos debe tomar esta mezcla y permanecer tranquila». Además de esto, el médico le dio a Varvára Alexéevna una conferencia sobre la anatomía de la mujer, durante la cual Varvára Alexéevna asentía con la cabeza de manera significativa. Tras recibir sus honorarios, como de costumbre en la parte más recóndita de la palma de la mano, el médico se marchó y la paciente se quedó en cama durante una semana.

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