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nydus/Short FictionPublic
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Conclusión

Un sueño

Hace unas noches soñé un sueño tan significativo que varias veces durante el día siguiente me pregunté: «¿Qué ha pasado hoy que sea tan especialmente importante?». Y entonces recordaba que lo especialmente importante era lo que había visto, o más bien oído, en mi sueño.

Fue un discurso que me impresionó mucho, pronunciado por alguien que, como suele ocurrir en los sueños, era una combinación de dos hombres: mi viejo amigo, ya difunto, Vladímir Orlóf, con rizos grises a cada lado de su cabeza calva, y Nikolái Andréyevich, un amanuense que vivía con mi hermano.

El discurso fue provocado por la conversación de una rica dama, la anfitriona, con un terrateniente que visitaba su casa.

La dama había relatado cómo los campesinos de una finca vecina habían quemado la casa del terrateniente y varios cobertizos que resguardaban centenarios cerezos y peras duchesse.

Su visitante, el terrateniente, relató cómo los campesinos habían cortado algunos robles en su bosque, y hasta se habían llevado en carro un almiar de heno.

«Ni el incendio provocado ni el robo se consideran delitos hoy en día. ¡La inmoralidad de nuestro pueblo es terrible: todos se han vuelto ladrones!», dijo alguien.

Y en respuesta a esas palabras, aquel hombre, compuesto de dos, habló de la siguiente manera:

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